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Semana 48: Falsa alarma

29-10-2026

Falsa Alarma

La señora Remedios estaba haciendo la cama cuando pulsó sin querer el botón que llevaba colgado del cuello.

Una voz salió del aparato.
—Remei, ¿se encuentra bien?
—Sí, sí. Perdone. Lo he pulsado sin querer.
—¿Seguro que se encuentra bien?
—Estoy bien. Voy tirando...
La respuesta se perdió en un pequeño ataque de tos.

Le dijeron que no se preocupara, pero al poco rato llamaron a la puerta.
Era una chica del servicio de teleasistencia.
—Ya les he dicho que estoy bien.
—Lo sé. Pero ya que estoy aquí...
La hizo pasar.

La chica le tomó la tensión y le hizo unas cuantas preguntas. Remei las contestó todas. Después le contó que aquella noche había dormido mal porque el vecino de arriba había llegado tarde. Que su hija vivía en Girona. Que antes tenía un perro, pero que se le había muerto hacía tres años.
—¿Quiere un café?
—No hace falta, Remedios.
—Yo voy a prepararme uno.
—Pues medio.

Tomaron el café en la cocina.

Remedios le contó que en el supermercado habían cambiado las cosas de sitio y ahora nunca encontraba el azúcar. Que su hija quería que se fuera a vivir con ella. Que aquel año los geranios no acababan de crecer bien. Que el domingo había hecho lentejas y había congelado dos raciones.

La chica miró la hora.
—Tengo que irme.
—Claro.

Remei la acompañó hasta la puerta.
—Perdone por haberla hecho venir.
—Usted no me ha hecho venir.
—Ya me entiende.
La chica sonrió.
—Tenga cuidado con el botón.
—Sí.

Cuando se quedó sola, Remei recogió las dos tazas y las dejó en el fregadero.
Volvió a sentarse en la cocina.
El botón le colgaba del cuello.

Pasó suavemente el dedo por encima mientras lo miraba.

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