Semana 43: El puente del diablo
23-09-2026

Todo el mundo sabía que el puente no debía cruzarse de noche.
Matías lo hizo de todas formas. Tenía prisa y quería ahorrarse un rodeo de más de una hora, justo cuando se ponía el sol.
Se detuvo un momento cuando estaba en el medio. Tuvo una sensación extraña y repentina, como si alguien le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera retirado de golpe. Se giró. No había nadie.
Miró hacia abajo.
El agua reflejaba las piedras y un cielo sin luna y lleno de estrellas. Todo menos él.
Corrió hasta el otro lado.
Y siguió hasta casa de su suegra.
La mujer abrió, lo miró un segundo e intentó cerrar la puerta. Él puso el pie.
—Necesito ayuda.
—Aquí no entras.
—Por favor.
—No. —La mujer hablaba sin mirarlo a los ojos—. El problema es lo que llevas detrás.
Matías se giró.
No había nada.
La mujer seguía mirando por encima de su hombro con una expresión de miedo.
—¿Has cruzado el puente? —le preguntó.
Él asintió.
La mujer cerró los ojos un momento.
—Vete. Deprisa. No vuelvas a casa y no mires atrás hasta que salga el sol.
—¿Por qué?
—Porque todavía no sabes que está ahí.
Se fue. Caminó toda la noche sin mirar atrás.
Oyó pasos detrás de él.
Exactamente al mismo ritmo que los suyos.
Se detuvo.
Los pasos también.
Siguió caminando.
Los pasos también.
Cuando salió el sol se giró.
No había nadie.
Pero en el suelo, a su lado, había dos sombras.
Una era la suya.
La otra se movía sola.
