Semana 42: La cueva del demonio
16-09-2026

En el pueblo decían que en la cueva vivía el demonio.
Nadie lo había visto nunca.
Pero todo el mundo conocía a alguien que conocía a alguien que decía que había entrado.
La cueva estaba a media ladera, detrás de un bosque de pinos. La entrada era estrecha y negra, incluso al mediodía.
Los viejos decían que se podía entrar, pero que no había que hablar.
—¿Por qué?
—Porque él escucha.
—¿Quién?
Los viejos no respondían.
Un verano, cuando tenía doce años, fui hasta allí con mi hermano.
Él tenía quince y no creía en nada.
—¡Demonio! —gritó ante la entrada.
El eco devolvió la palabra.
Demonio... demonio... demonio...
Nos reímos.
Encendimos las linternas y entramos.
Al principio solo había piedra y humedad. Después el pasillo se fue estrechando.
—¿Tienes miedo? —me preguntó.
—No.
El eco respondió:
—Sí.
Nos quedamos quietos.
Mi hermano se rió.
—Muy gracioso.
Desde el fondo de la cueva llegó una voz:
—Gracias.
Entonces echamos a correr.
No recuerdo haber corrido nunca tan deprisa.
Cuando llegamos a la entrada, salí sin mirar atrás.
Mi hermano no.
Esperé.
Grité su nombre.
Nadie respondió.
Volví al pueblo y pedí ayuda.
Lo buscaron durante tres días.
No lo encontraron.
Han pasado más de cincuenta años.
Nunca he vuelto a la cueva.
Hasta hoy.
Esta mañana he subido a la montaña. Me he quedado delante de la entrada y he dicho el nombre de mi hermano.
He esperado.
Al cabo de un rato, desde muy dentro, una voz ha preguntado:
—¿Tienes miedo?
Era su voz.
La misma que tenía a los quince años.
—Sí —he contestado.
Y se ha oído:
—Yo también.
