Semana 38: El semáforo
19-08-2026

El señor Amadeo trabaja de semáforo en el cruce de los Siete Caminos.
Cada mañana, antes de que salga el sol, se planta en medio del cruce y levanta los brazos.
Cuando levanta el derecho, pasan los carros, los automóviles y las bicicletas.
Cuando levanta el izquierdo, pasan los peatones.
Cuando baja los dos brazos, se detiene todo el mundo.
A veces se olvida de qué brazo tiene levantado.
Un día quiso espantar una mosca y provocó un atasco que duró hasta la puesta de sol.
Otro día estornudó y salieron a la vez los carros, los automóviles, las bicicletas y una procesión que venía del Camino del Norte.
Desde entonces tiene prohibido estornudar durante las horas de trabajo.
Cuando nota que le viene un estornudo, tiene que aguantárselo.
Por eso, al cabo de los años, tiene los ojos muy grandes y la nariz completamente torcida.
Pero lo más extraño ocurrió una mañana de primavera.
No venía nadie por uno de los siete caminos. Ni carros, ni automóviles, ni bicicletas.
El señor Amadeo esperó un rato.
Como no aparecía nadie, levantó el brazo para dar paso.
El camino arrancó.
El señor Amadeo bajó el brazo de golpe.
Demasiado tarde.
Se quedó mirando cómo se alejaba entre los campos hasta que desapareció detrás de las montañas.
No sabía que los caminos también esperaban su turno.
