Semana 28: Al principo le llamé tiempo
03-06-2026

Todo cambia. No de repente, sino a pequeños mordiscos: una tienda que cierra, una cara que deja de saludar, una palabra que cae en desuso.
Luego empecé a notar otra cosa. Las calles seguían en su sitio, pero ya no me pertenecían. Mis rincones de siempre se iban volviendo extraños, como si alguien los hubiese rehecho sin contar conmigo, como si mi sombra hubiera dejado de encajar con ellos.
La gente hablaba, reía, vivía... y yo me quedaba un paso atrás, observándolo todo desde el otro lado de un cristal invisible.
Cada vez recibía menos llamadas.
De muchos amigos perdí la pista. ¿Todavía vivían? ¿Habrían marchado?
Empecé a preguntar por mí mismo, con una prudencia que ni yo entendía.
Pero casi nadie sabía decirme quién era.
Algunos fruncían las cejas, buscando algo en la memoria. Otros sonreían por cortesía, como si yo fuera una historia mal contada o un nombre oído hace demasiados años.
Y entonces lo entendí.
No era tiempo. Era yo quien me iba desvaneciendo en su interior, poco a poco, como la nieve bajo el sol.
