Semana 9: Alivio
09-01-2026

La envidia no quería lo que tenías: quería que no lo tuvieras. Se te sentó en el hombro como un pájaro ácido y empezó a picotearlo todo: los logros, las risas, hasta tus recuerdos. Solo pretendía parecerse un poco a ti.
Donde antes había brillo, dejó óxido; donde había calma, ruido; donde había paz, una incomprensión que mordía. Vivía para verte perder.
Cuando por fin se fue, no se llevó nada. No trabajaba, no amaba, no dormía: vigilaba. Cada decisión era un clavo torcido destinado a herirte, aunque atravesara su mano, pero sonriente cuando el daño te alcanzaba. Denuncias falsas, rumores, trampas pequeñas y persistentes…
El día que decidió el golpe final —con el que moriría— tenía el convencimiento de que valía la pena. Quemó la casa contigo dentro, seguro de que no saldrías a tiempo.
Pero te salvaste.
Desde la camilla, ya sin fuerzas, entendió demasiado tarde que había malgastado su vida en procurarte infelicidad. Y murió sin saber qué hacer con el silencio que te dejó con vida. Alivio.
