Semana 8: Reyes de nadie
03-01-2026

Aquella noche de Reyes olía a sueño antiguo y a promesa recién hecha. Las calles estaban en silencio, como si la humanidad entera contuviera la respiración para no despertar de la ilusión. Entonces todo parecía alcanzable: que los deseos viajaran de verdad, que los imposibles supieran el camino de vuelta, que el prodigio existiera sin necesidad de pruebas. Durante unas horas, el mundo era exactamente como debía ser.
Aquella noche la magia cabía en los zapatos y una promesa en los ojos: mañana todo sería posible.
Ahora los Reyes pasan más lejos, la ciudad huele a ceniza y a sueños rotos.
No traen oro, ni incienso, ni mirra. Ni tan siquiera promesas: sólo zapatos gastados y manos vacías. La estrella se cayó hace años, oxidada en algún vertedero de las afueras. Y los regalos, como siempre, son para quienes ya tienen de sobra.
Algunas noches, cuando el mundo pesa demasiado, aún dejo una esperanza junto a la ventana.
