Semana 2: Deseo
Ella pasó por su lado con una calma que lo desarmó por completo. No dijo nada. No hizo falta.
Él sabía que no debía mirarla así. Sabía, incluso antes de girar la cabeza, que aquello era el principio de un derrumbe. Pero algo primario —oscuro, antiguo— despertó en él como el animal al que no había sabido domesticar.
Intentó recordar lo que tenía, lo que debía proteger, pero la razón era un murmullo débil frente al rugido que crecía en sus entrañas. Una pulsión, una fuerza imparable, lo empujaba hacia el abismo.
Cuando ella se volvió y le sostuvo la mirada, él supo que la línea ya estaba rota.
No porque la cruzara, sino porque ya antes había deseado cruzarla. La chispa estaba allí, respirando entre los dos, reclamando un territorio que no existía en las promesas.
Un instante feroz, imposible de negar, imposible de evitar.

