Semana 23: La válvula
La sequía era persistente.
El primero habló sin levantar la voz. Propuso turnos para reducir pérdidas y reparar la válvula vieja que goteaba desde hacía años.
—Si aguantamos, llegará —dijo—. Y si no, al menos durará más.
El segundo negó con la cabeza.
—No podemos dejar a nadie sin agua —dijo—. Repartámosla equitativamente hoy toda la que queda. Ya veremos mañana.
El tercero sonrió de lado.
—Mientras decidís, yo ya he llenado mis bidones —añadió—. Cada uno se cuida como puede.
El cuarto no dijo nada. Se acercó al depósito, miró el nivel, miró a los otros.
Luego golpeó la válvula con una piedra.
El chorro se abrió de golpe, descontrolado. El agua empezó a salir con fuerza, perdiéndose en la tierra seca.
—¡¿Qué haces?! —gritaron.
Se encogió de hombros.
—Para que ninguno se la lleve —dijo.
Se quedaron en silencio, viendo cómo el agua desaparecía en el polvo.
¿Qué harías tú?

