Semana 20: Procesador
Esa noche, el procesador de textos se había actualizado automáticamente.
Con una pasión casi febril empezó a escribir una historia que llevaba tiempo rondándole por la cabeza. Sabía cómo empezaba. Tecleó sin vacilar.
Al levantar la vista del teclado, se quedó inmóvil.
Lo que había en la pantalla no coincidía con lo que acababa de escribir.
Lo borró y volvió a empezar, con una inquietud creciente:
"Resonan en cada esquina historias que no queremos ver. Ésta es sólo una".
Parpadeó.
No estaba.
En su sitio había otra frase:
"Brillan en todas las calles historias que anhelamos encontrar. Ésta es sólo una".
Sintió un rechazo inmediato y la borró.
Y decidió escribir la misma frase palabra a palabra, vigilando la pantalla. Todo parecía correcto… hasta el punto final.
Ocurrió…
Sin transición, sin ningún error visible, la frase se transformó delante de sus ojos.
Copió ambas versiones en una hoja y las comparó: mismo número de palabras, misma estructura.
Se quedó inmóvil.
Le temblaron las manos y notó el sudor frío en la nuca.
Teme perder la cordura.
Desde entonces, escribe a mano.

