Semana 1: Un milímetro de vida
La sala estaba en silencio, rota sólo por el ritmo constante del monitor.
A través de la lupa, el mundo se reducía a un hilo de tejido palpitante. Sentía cómo el pulso le martilleaba los dedos. Respiró hondo, reteniendo el aire como si se congelara el tiempo. Nadie se movió. Sabían que estaba un instante al borde del abismo. Un milímetro más a la izquierda y el daño sería irreversible; uno más a la derecha y la hemorragia podría desbordarse.
Se deslizó la herramienta. Un corte limpio. Otro. Las pinzas entraron en el ángulo exacto.
El monitor osciló, después se estabilizó. Sólo entonces exhaló, muy despacio, como si soltara una tensión que no podía permitirse oír antes. Aún faltaban pasos, pero lo peor había pasado.
Una vez más, había ganado la batalla contra el error y la muerte.

