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Semana 4: Calamitoso

Entró con precipitación por la ventana, trastabilló y cayó al suelo. La linterna rodó lejos de sus manos. La alarma se activó.

Intentó huir, pero al resbalar con una alfombra, cayó encima de una silla y quedó atrapado entre sus propias piernas y el respaldo. Al incorporarse tropezó con los cables del ordenador, tiró sin querer de una cortina —que le cayó encima como un sudario mal puesto— y derribó una estantería entera. Los libros cayeron como un alud, varios le golpearon la cabeza y le rompieron las gafas. Los apartó como pudo y, con gran dificultad, se zafó de la estantería arrastrándose como un reptil.

Cuando oyó las sirenas acercarse, suspiró aliviado, levantó las manos —aún enredado en la tela— y gritó hacia la puerta:

«¡Policía, me rindo! ¡He sido yo!»

Calamitoso

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