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Semana 10: Nunca estubiste aquí

El niño se despertó con frío. Buscó a su madre, pero ella pasó corriendo a su lado sin mirarlo. Tampoco lo escuchó cuando gritó.

Volvió a su cuarto, donde siempre encontraba consuelo entre cuadernos y lápices. Sobre la mesa había una libreta abierta, con una frase que no recordaba haber escrito: “¿Sigo aquí?”. Mientras la leía, las letras comenzaron a temblar; se difuminaban y reaparecían como si alguien respirara a través del papel. Hasta que ya no volvieron.

Bajó al salón y vio a su padre arrodillado, abrazado a un cuerpo pequeño tapado con una manta. Quiso tocarle el hombro, pero su mano se deshizo en el aire como tinta diluida en agua. Oyó entonces un leve murmullo detrás de él, un susurro pegado a su nuca: “Tu historia termina aquí”. No vio a nadie, pero sintió que algo le tiraba de la mano hacia la profunda oscuridad que crecía en la esquina del cuarto.

Quiso llorar, pero no pudo. Sus lágrimas parecían no existir, como si nunca hubieran sido escritas. Una sombra pasó la última página de una libreta invisible.

No estaba en blanco.

Una sola frase: “¿Estuviste aquí?”

Entonces el cuarto se cerró sobre sí mismo, y el niño comprendió no solo que había muerto; sino algo peor: el mundo había aprendido a vivir como si él jamás hubiera existido.

Nunca estubiste aquí

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